Sería bueno en algún momento detenernos a reflexionar sobre la cantidad de comentarios y posteos que leemos en las redes sociales y en los diferentes medios de comunicación digitales, para poder hacer una valoración de cuantos de estos buscan tener un trasfondo positivo o conciliador y cuantos buscan el efecto contrario. Seguramente sean muchos más los que formen parte de la segunda opción ya que siempre el confrontamiento y la polémica llevan a generar mucho más audiencia que cuando todo está bien y no hay mucho que acotar.
Si bien el conflicto constante y la falta de entendimiento son simples reflejos de las sociedades posmodernas que funcionan todo el tiempo a través de la búsqueda de la imposición constante sobre el otro. En este marco las redes sociales han sabido encontrar ahí un nicho de venta y de consumo constante abriendo espacios a interminables debates que terminan generando una polarización cada vez mayor de las diferentes burbujas en las que los usuarios buscan colocarse. traducido a un lenguaje un poco más bélico, cada uno se posiciona en una trinchera y desde ahí lanza munición buscando herir a un enemigo que en realidad no es tal, pudiendo ser perfectamente el propio vecino.
El
sociólogo español Iago Moreno tiene otra perspectiva con respecto a los
discursos de odio en las redes sociales, partiendo de la base de que entiende
que no necesariamente existen más conflictos que antes, sino que hubo un cambio
en las formas en que se expresan. “tendemos a pensar que las redes crearon
el odio, pero el odio político y la hostilidad hacia determinados grupos
existen desde hace siglos. Lo novedoso es la forma en que las plataformas
digitales permiten producirlo, amplificarlo y hacerlo circular masivamente” …
Es bastante curioso como algo que entendemos que puede surgir de la simplicidad de un acto comunicacional entre dos personas, puede llegar a tener ciertos trasfondos un poco más elaborados y con un posible plan a desarrollar por parte de ciertas industrias que dominan la comunicación desde hace al menos una década, Moreno se refiere a esta situación de la siguiente manera “El auge del discurso de odio está ligado a la automatización mediante bots. Estos bots amplifican mensajes políticos, enlodan conversaciones reales y simulan ser cuentas humanas. La robotización permite escalar el odio y la polarización a nivel masivo” (…) “Las plataformas digitales se benefician del odio porque genera más interacción, más datos y, por tanto, más beneficios económicos. El acoso se convierte en un negocio.”
Podríamos expandirnos mucho más a cerca de una temática tan amplia, pero la conclusión más rápida que surge es que todo termina siendo mercado y cada acción que se realiza dentro de cualquier plataforma o red social, forma parte de un producto de consumo para otro usuario que también está generando lo mismo por su parte, de esta forma los intercambios comunicacionales a través de las redes terminan siendo un loop infinito entre ofertantes y compradores, que en el fondo están buscando lo mismo, sentirse acompañados…


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