lunes, 9 de marzo de 2026

¿COMO HACEMOS PARA METER UN MUNDO DENTRO DE OTRO?

 

A ya casi treinta años del ingreso de las redes sociales a nuestras vidas hemos podido descubrir que este fenómeno ha generado una apertura de submundos y realidades que funcionan todo el tiempo en paralelo, colocando dentro de ellos pequeñas porciones de una población que geográficamente convive en un mismo lugar físico y no tienen más remedio que interrelacionarse entre sí.

Actualmente en el mundo occidental existe una especie de fenómeno en el que los jóvenes se sienten cada vez más identificados con la cultura oriental sobre todo con los contenidos relacionados al Anime y al Manga. Al extremo de que en las diferentes plataformas de streaming este material está dentro de lo más consumido.

 Este tipo de producciones distan bastante de demostrar realidades que tengan que ver con lo que nosotros vemos día a día dentro de nuestro entorno, no obstante, y a pesar de esto los jóvenes y niños se logran identificar con estas lógicas y buscan aplicarlas en su día a día a pesar de que sea una forma contradictoria de vivir en la sociedad que los alberga, partiendo de la base de que los valores entre un mundo y otro son bastante diferentes. Independientemente de esto, este solo podría ser un simple ejemplo de la existencia de un movimiento social que coexiste con otros que poco tienen que ver con él.

Cuando los medios de comunicación masivos se reducían a la radio y la televisión, todas las personas consumíamos mas o menos lo mismo en lo referente a los contenidos comunicacionales, con la llegada de plataformas como YouTube todo esto fue variando al punto que en una familia puede existir tantos consumos de contenidos diferenciales como habitantes que la integren. Esta realidad marca en algún punto una dispersión general de las ideas centrales de como formar parte de una sociedad o al menos hacerlo de una forma que resulte funcional para la misma, es decir al existir tantas variaciones de opciones y realidades nos podemos identificar con un abanico inmenso de contextos multiculturales, hecho que, si bien es muy beneficioso en un montón de aspectos, genera ciertas rispideces en el momento de que una manera de ser y pensar choca con otra opuesta.

Estamos en un punto en el que empezamos a entender que la multiculturalidad no se esta ejecutando simplemente por el desplazamiento de personas desde un lado hacia el otro, sino que la globalización y las comunicaciones están haciendo un gran trabajo en ese sentido, desde costumbres alimenticias a formas de hablar, pueden adquirirse sin haber viajado y ni siquiera conocer a un habitante del lugar en cuestión. Este hecho hace que casi sin quererlo empezamos a conocer mas sobre la realidad cultural de otros países que del nuestro propio, formando con esto una especie de identidad extraña que no llega a ser representativa de lo que hasta hace un tiempo conocíamos como la famosa identidad nacional.

Esto no hace mas que hacernos entender que en algún punto a las nuevas generaciones poco les importa el patriotismo y la identificación de una forma de vivir dentro de un territorio, cuando en la actualidad nuestro verdadero territorio ha pasado a ser el mundo entero.

jueves, 26 de febrero de 2026

¿POR QUÉ TERMINAMOS SIENDO PADRES DE NUESTROS PADRES?

 

Si tuviéramos que darle o asignarle una forma al ciclo de la vida sin duda sería el de un círculo ya que en un acto por demás constante los extremos se vuelven a tocar una y otra vez y casi que sin quererlo las historias se repiten sin cesar cambiando a sus protagonistas, pero manteniendo la esencia de los hechos. La dependencia que vivimos al inicio de nuestras vidas se repite años más tarde cuando ya estamos casi en el fin del camino. Pasamos por ser hijos, padres, abuelos y casi que al final volvemos a tener la necesidad de sentirnos cuidados como cuando todo comenzó.

El problema radica en que muchas veces los hijos no están preparados para poder hacerse cargo de sus padres. Si bien hay historias de todo tipo podríamos tomar de eje central las más comunes y simples de la vida para poder hacer de estas una especie de análisis de situación que nos enmarca en la realidad de las grandes dificultades que tenemos las nuevas generaciones para hacer primar las relaciones afectivas por encima del individualismo y del productivismo constate al que nos arrastra el sistema en el cual nos encontramos inmersos.

Desde el momento en que decidimos ponerle precio a nuestro tiempo todo lo que no nos genere algún tipo de ganancia, pasa a ser una complicación o un estorbo en nuestro camino, dentro de esta realidad las relaciones afectivas viven en un estado de tensión constante con la división diaria de compromisos a cumplir en la vida de cualquier persona.

Esta más que claro que para todo esto no hay ningún tipo de manual y etapa tras etapa vamos intentando hacer lo mejor que podemos frente a las realidades que nos tocan asumir a pesar de que estas sean muchas veces adversas en cuanto a lo que deseamos o esperamos que nos suceda, teniendo en cuenta esto, la mayoría de las veces nos sucede que del ideal imaginado ante una realidad nunca llega a pasar y lo que termina sucediendo es diametralmente opuesto a lo que creíamos que podía llegar a ser, ante esto nos toca terminar reinventarnos todo el tiempo.

Es muy difícil poder entender porque el final se asemeja tanto con el principio, pero en el camino logramos darnos cuenta de que nuestro deber con aquellos que nos anteceden es de vital importancia para que puedan llegar con la mayor dignidad posible a transitar los últimos momentos de su vida, quizás sea por aquello de tratar al otro como quisiéramos que lo hicieran con nosotros o vaya a saber uno porque, pero llega un momento de la vida en el que tomamos un rol más de protectores que de protegidos.

Cuesta a veces compararnos con otras especies e intentar concebir porque los humanos somos tan dependientes durante toda nuestra vida, es cierto que, en diferentes aspectos y formas, pero siempre en algún punto necesitamos del otro para poder salir adelante, en el marco de esa realidad es que sin darnos cuenta vamos construyendo una forma de vivir en la que necesitamos tanto del otro como ese otro necesita de nosotros para poder existir.


lunes, 9 de febrero de 2026

LA SOCIEDAD SE DIVIDE EN CARNAVAL

 

 El carnaval en Uruguay es una de las épocas más polémicas del año en la que brotan a flor de piel las discrepancias entre los que piensan y sobre todo los que votan diferente, para los de derecha desde hace ya un tiempo el festejo en sí y más que nada la murga se volvió un marcado movimiento ideológico de izquierda que busca a través de sus letras adoctrinar a una masa de ciudadanos cautivos por los movimientos de la fuerza política Frente Amplio. Mientras que para la izquierda y sobre todo para los murguistas la derecha tiene derecho a expresarse y entienden que si quieren decir algo lo pueden hacer por la vía que entiendan pertinente acotando que la esencia de esa categoría artística es la protesta acompañada de la ironía, buscando con esto decir lo que “el pueblo” opina.

En medio de toda esta discusión eterna, se desarrolla el carnaval más largo del mundo, si bien en todo el territorio no se festeja de la misma manera, en Montevideo se vive con una pasión que lleva a desatar constantemente situaciones polémicas inclusive entre los propios actores de este movimiento que muchas veces no logran ponerse de acuerdo.

Los últimos años han marcado una especie de desgaste de lo popular, todo aquello que genere atracción en las clases más bajas de la sociedad, termina siendo carne de cañón para los que miran de afuera esta realidad, dentro de esa generalización entra el carnaval y con él, todos los movimientos artísticos que participan de esta fiesta. No quiere decir que antes no se le criticara, pero, la falta de tolerancia de la actualidad cada vez brechas más ondas en los gustos de la sociedad.

Como en tantos otros aspectos de la vida parece ser que todo lo que no nos identifica está mal y habría que exterminarlo, el espacio que le dejamos a las expresiones que no nos representan es cada vez menor, la protección que nos brinda la burbuja social de la cual formamos parte nos mantiene alejados de todo aquello que nos puede llegar a cuestionar y a interpelar sobre las cosas que no creemos correctas y es en ese marco de liviandad social en el cual elegimos movernos que obviamente nos resulta mucho más cómodo para poder desenvolvernos en nuestro día a día.

A veces es difícil poder justificar la idea de que todos tienen la posibilidad y la capacidad de poder hacer algo, cuando en realidad no es así. Culturalmente la historia ha marcado y lo seguirá haciendo que ciertas expresiones artísticas pertenecen a un estrato social y otras tantas pertenecen a otro. El cambio de esta realidad no lo podría hacer otro actor que no sea el público, pero para esto se deberían de lograr cambiar la cabeza las nuevas generaciones para que no sigan repitiendo la misma estupidez de sus antecesores.

Lo que quizás si cambie de aquí a algunas décadas es la falta de llegada que tienen las tradiciones antiguas de nuestro país hacia las nuevas generaciones que ya vienen casi que de fabrica con el chip puesto que lo de afuera siempre es mejor que lo de acá. Es en ese punto que la realidad puede tener un giro de tuerca inesperado para lograr entender los antiguos costumbrismos en manos de aquellos que no los sientan como tales.


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