Todos en algún momento tuvimos una actitud displicente hacia ciertas actividades que no fueran expresamente de nuestro agrado, siendo señalados por esto como personas que no estaban un 100% comprometidas con la causa fuese cual fuese en ese caso. Obviamente en otras épocas, tener este tipo de comportamientos era algo que se tildaba como negativo y llegaba a estigmatizar a esa persona ante el resto, a pesar de que muchas veces quien criticaba tenía la misma forma de moverse en la vida, pero sabiendo siempre que los errores son más fáciles de marcar en el otro.
La mediocridad paso a ser la bandera insignia de las nuevas generaciones que no encuentran sentido en el esfuerzo y en el compromiso. Con el paso de los años ha quedado tan baja la vara que cualquiera que se esfuerce un poco más que el resto ya logra resaltar en un medio donde intentar ser mejor muchas veces termina siendo hasta mal visto por el entorno que intenta mantener una media que siempre termina estando muy por debajo de las expectativas de cualquiera que forme parte de generaciones anteriores a las que se criaron bajo el cobijo de la tecnología y automatización excesiva de cualquier acción cotidiana. Esto simplemente ha generado una necesidad de dependencia a actores externos que hacen que la vida sea mucho más sencilla y nos ha sacado de un montón de situaciones de sacrificio.
Para que exista un cambio real en la actitud de una persona sin dudas debe estar impulsada por agentes externos a esta, que la motiven a entender que la realidad es de otra forma. Quizás ese sea el punto de inflexión del tema central de este artículo. ¿Qué estamos haciendo las generaciones anteriores para apoyar y empujar a las nuevas a mostrar su mejor versión? Es una pregunta que nos deberíamos de hacer todos los días, ¿cuánto hay en nuestros propios discursos de conformismo y bronca contra la misma realidad a la que se tienen que enfrentar ellos y nos golpea de la misma forma?
Es bueno poder llegar a la conclusión de que no todas las formas en que antes se enfrentaban a los distintos avatares de la vida eran las correctas o al menos son aplicables hoy en día, esto puede llevar a generar cambios en las realidades de como se encaran las nuevas enseñanzas o al menos empezar a aprender que es lo que realmente queremos nosotros para lograr una mejor sociedad. El problema comienza cuando por no exigir terminamos dejando librado al azar el futuro de toda una generación que empieza a normalizar cuestionarse constantemente los motivos de porque tiene que hacer tal o cual tarea, a partir de este cuestionamiento se empiezan a dar cuenta que muy pocas cosas tienen una real relevancia en el día a día ya que somos nosotros mismos quienes le damos sentido a nuestra existencia y no el entorno. Esto nos lleva a entender que, si la realidad que nos toca vivir no es de nuestro agrado, somos los únicos capacitados para poder cambiarla y que empiece a ser algo mas agradable para el futuro que nos toca vivir.






