El carnaval en Uruguay es una de las épocas más polémicas del año en la que brotan a flor de piel las discrepancias entre los que piensan y sobre todo los que votan diferente, para los de derecha desde hace ya un tiempo el festejo en sí y más que nada la murga se volvió un marcado movimiento ideológico de izquierda que busca a través de sus letras adoctrinar a una masa de ciudadanos cautivos por los movimientos de la fuerza política Frente Amplio. Mientras que para la izquierda y sobre todo para los murguistas la derecha tiene derecho a expresarse y entienden que si quieren decir algo lo pueden hacer por la vía que entiendan pertinente acotando que la esencia de esa categoría artística es la protesta acompañada de la ironía, buscando con esto decir lo que “el pueblo” opina.
En medio de toda esta discusión eterna, se desarrolla el carnaval más largo del mundo, si bien en todo el territorio no se festeja de la misma manera, en Montevideo se vive con una pasión que lleva a desatar constantemente situaciones polémicas inclusive entre los propios actores de este movimiento que muchas veces no logran ponerse de acuerdo.
Los últimos años han marcado una especie de desgaste de lo popular, todo aquello que genere atracción en las clases más bajas de la sociedad, termina siendo carne de cañón para los que miran de afuera esta realidad, dentro de esa generalización entra el carnaval y con él, todos los movimientos artísticos que participan de esta fiesta. No quiere decir que antes no se le criticara, pero, la falta de tolerancia de la actualidad cada vez brechas más ondas en los gustos de la sociedad.
Como en tantos otros aspectos de la vida parece ser que todo lo que no nos identifica está mal y habría que exterminarlo, el espacio que le dejamos a las expresiones que no nos representan es cada vez menor, la protección que nos brinda la burbuja social de la cual formamos parte nos mantiene alejados de todo aquello que nos puede llegar a cuestionar y a interpelar sobre las cosas que no creemos correctas y es en ese marco de liviandad social en el cual elegimos movernos que obviamente nos resulta mucho más cómodo para poder desenvolvernos en nuestro día a día.
A veces es difícil poder justificar la idea de que todos tienen la posibilidad y la capacidad de poder hacer algo, cuando en realidad no es así. Culturalmente la historia ha marcado y lo seguirá haciendo que ciertas expresiones artísticas pertenecen a un estrato social y otras tantas pertenecen a otro. El cambio de esta realidad no lo podría hacer otro actor que no sea el público, pero para esto se deberían de lograr cambiar la cabeza las nuevas generaciones para que no sigan repitiendo la misma estupidez de sus antecesores.
Lo que quizás si cambie de aquí a algunas décadas es la falta de llegada que tienen las tradiciones antiguas de nuestro país hacia las nuevas generaciones que ya vienen casi que de fabrica con el chip puesto que lo de afuera siempre es mejor que lo de acá. Es en ese punto que la realidad puede tener un giro de tuerca inesperado para lograr entender los antiguos costumbrismos en manos de aquellos que no los sientan como tales.


