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martes, 13 de octubre de 2026

ENTREVISTA A LUCAS SILVA

Nació en Juan Lacaze en 1980, es licenciado en ciencias de la comunicación y ha estado vinculado a La Diaria desde sus comienzos, siendo actualmente el coordinador periodístico de este multimedio, además es docente de periodismo político en la Universidad de Montevideo. Autor del libro El caso Astesiano publicado en 2024, donde realizo una investigación periodística sobre el jefe de custodia presidencial durante el gobierno de Luis Lacalle Pou, haciendo una extensa revisión de todos los vínculos de poder entorno a presidencia y de los ya conocidos abusos de influencias que existieron en ese momento, también codirigió la película documental El facilitador (estrenada en 2024), que aborda el caso Astesiano y la historia de Sebastián Marset. En esta oportunidad paso por Periodismo en tus Manos, Lucas Silva.

 

¿Cómo entendes al cambio de paradigma por el que está atravesando el periodismo en la era digital, dejando atrás sus formas más tradicionales?

Lo primero es reconocer que el periodismo no atraviesa su mejor momento. Hay una crisis sostenida y agravada de los modelos de negocios que lo sustentan, hay un avance tecnológico que desafía las lógicas tradicionales -la inteligencia artificial llevó las cosas a otro nivel- y hay un problema con la credibilidad del periodismo como institución. En esto último confluyen varios factores: un contexto de desconfianza generalizado en las instituciones tradicionales -entre ellas el periodismo, pero también la política y otras-, el surgimiento de liderazgos populistas que sacan rédito con sus ataques a la tarea de los periodistas y seguramente también haya una incidencia de los errores propios. En Uruguay no tenemos muchos ámbitos colectivos para discutir nuestros problemas (existen sí espacios gremiales, pero no hay un “colegio” o institución similar). Más allá de este panorama, y un poco paradójicamente, creo que el trabajo de los periodistas sigue siendo importante para las democracias. Y tal vez hasta sea más necesario que en otras épocas.

¿Qué porcentaje de noticias falsas crees que circulan en la actualidad y cuanto crees que eso puede importarle a la gente en su día a día?

No podría decir un porcentaje. Pero si comparo la situación actual con la época de nacimiento del diario -marzo de 2006-, es evidente que el fenómeno no ha parado de crecer (o por lo menos su dimensión más visible). En cuanto a si son importantes para la gente: no creo que haya una noticia falsa que convenza a toda la gente al mismo tiempo, sino que, en todo caso, convivimos con múltiples segmentos que consumen múltiples tipos de desinformación. Esa otra capa complejiza todavía más el problema. Desde nuestra actividad como periodistas, se podría decir que hay un retroceso: hoy muchas veces nuestra tarea consiste en decir “esto pasó o esto no pasó”, obviedades que hace 20 años no era necesario discutir.

¿Por qué crees que el caso Astesiano no derrumbo al sistema democrático uruguayo ni llevo a que el presidente fuera cuestionado en su cargo?

Es una pregunta difícil, quizás sea más para un politólogo. Lo que sí puedo decir es que el gobierno de Lacalle Pou montó una narrativa que apuntó a criticar las supuestas filtraciones -que no fueron tales- y el trabajo de los periodistas, en lugar de intentar desmentir la información que diversos medios iban publicando. También hubo movimientos para cerrar el caso en la Fiscalía, algo que sí me parece complicado. La fiscal Sabrina Flores quiso volver a periciar el teléfono para acceder a las conversaciones con Lacalle Pou, pero no se lo permitieron. Poco tiempo después fue removida del caso y la trasladaron a otra Fiscalía. Desde ese momento, no hubo ningún avance en la investigación. Se podrían decir cosas similares sobre la Fiscalía en el caso de Marset, donde también quedaron muchas cosas sin investigar a fondo. Y lamentablemente se podrían decir cosas similares sobre la Fiscalía en muchos temas que involucran a la política y a los delitos de cuello blanco.

Teniendo en cuenta la apertura a la información que tenemos hoy en día, combinada con la velocidad en que las noticias nos alcanzan ¿Cuánto crees que puede influir un medio de comunicación en nuestra forma de pensar?

Seguramente menos que antes. Volviendo a la comparación con lo que sucedía hace 20 años: hoy los temas que se publican duran mucho menos en la agenda. Una noticia puede impactar de mañana y esa misma noche nadie habla del tema. Esa aceleración de los tiempos sólo contribuye al ruido, cada vez es más difícil discernir qué es importante y qué es accesorio. Otra dimensión es cuánto inciden todavía las noticias de los medios tradicionales en la conversación de redes sociales. Seguramente también menos que antes, pero no tengo claro que sea algo necesariamente malo. Lo importante para un medio es tener resuelto de antemano a quién te interesa hablarle. En el caso de La Diaria, me parece que tenemos un vínculo más directo con la comunidad de lectores, sin la mediación de ese ruido de las discusiones en las redes, y también la ventaja de poder preguntarles directamente cómo van viendo nuestro trabajo y cómo se vinculan con la información. En base a esos insumos, resolvimos recientemente que había una necesidad de tener las radios de aire y que todavía vale la pena convocar a reuniones presenciales con nuestros lectores, para intercambiar sobre diversos temas. Creo que esa necesidad que surgió refleja que también hay cierto cansancio o disconformidad con algunas lógicas informativas actuales.

¿Cómo es enseñar periodismo en épocas donde todos jugamos a ser periodistas y la comunicación ha sido invadida por personas pertenecientes a otras áreas o rubros?

Me gusta mucho la docencia. Ese sería otro ejemplo de ámbitos en los que vale la pena repensar críticamente qué estamos haciendo los periodistas. En general siento que las nuevas generaciones vienen mejor capacitadas y con mejores herramientas que las que teníamos nosotros cuando estudiamos periodismo (en mi caso, en el comienzo de los años 2000). Eso me genera cierto optimismo. Por lo general, trato de motivarlos a que generen sus propios medios o canales de comunicación -como hicimos en su momento con La Diaria- y que le busquen la vuelta por ese lado.

¿Crees en la subsistencia de los medios tradicionales (Radio, Televisión, Prensa) tal como los conocimos hace al menos hace diez años atrás o es necesaria su reconversión para seguir existiendo?

Me parece que hoy la capacidad de reconversión se ha vuelto prácticamente una condición imprescindible para la supervivencia. Ya pasó a ser una cultura dentro de las redacciones. Sin ese músculo bien entrenado, es muy difícil que un medio logre la sostenibilidad. Es más, creo que hoy empezó a ser muy importante tener la capacidad de dar marcha atrás y no persistir en errores. Por ejemplo, cuando se lanza un producto nuevo y no funciona. Ahí también los tiempos se han acortado y persistir en errores o en cosas que no funcionan puede resultar muy complicado.

¿Los niveles de violencia e instalación del narcotráfico en Uruguay ya están al nivel de países como México o Colombia? Salvando las distancias de las cantidades de población.

Tengo la impresión de que la situación es más grave de lo que pensamos. O de lo que estamos dispuestos a asumir. Pienso en los números (cifras de homicidio, cantidad de presos) y también en la infiltración del crimen organizado en la política, el Estado, la policía o la Fiscalía. Me parece que muchas veces nos aferramos demasiado a la creencia de la excepcionalidad uruguaya y eso ayuda poco a solucionar los problemas que tenemos.

¿Puede llegar a influir este tipo de manifestaciones violentas derivadas del narcotráfico a la hora de comunicar o de saberse en riesgo ante una noticia? O ¿aun en Uruguay los medios de comunicación son respetados como institución?

La cobertura sobre crimen organizado en Uruguay es menos riesgosa que en otros países de América Latina (Colombia, México, Paraguay). Es un hecho, avalado por cifras. Pero también es cierto que otros fenómenos de este tipo (sicariato, escalada de homicidios, infiltración de la política) demoran en llegar, pero finalmente llegan. Nadie está vacunado para estas cosas. Particularmente me preocupa lo que puede pasar con el periodismo local, con los colegas que trabajan en la frontera con Brasil, por ejemplo. Lo digo porque en Paraguay -un espejo en el que deberíamos mirarnos más- se han registrado más ataques contra periodistas en lugares como Pedro Juan Caballero o Ciudad del Este que en Asunción. 


 



 

lunes, 5 de octubre de 2026

EL ROL SOCIAL DE LA FAMILIA Y SUS PRINCIPALES MUTACIONES A LO LARGO DE LA HISTORIA

Cada día es mas complejo poder entender los lazos intrafamiliares. El famoso “modelo” de familia desde hace tiempo se rompió y lo que era regla, paso a ser la excepción, ante esa realidad, la sociedad busca seguir funcionando, pero adaptándose a una nueva serie de valores que no son del todo bien recibidos por muchos, pero que son los que con el paso de los años cada vez se “normalizan” más…


El mayor mecanismo que tiene cualquier especie para poder sobrevivir es el de la vida en manada. Esto asegura la defensa y la protección de los más vulnerables ante cualquier ataque, así como también la procreación y el desarrollo. Esta realidad llevada a menor escala se transforma en un concepto que los humanos conocemos como familia, que si bien tiene múltiples definiciones no deja de ser un espacio físico y afectivo en donde el comienzo de la vida encuentra el cobijo necesario para que cada ser pueda lograr la subsistencia y con esto poder avanzar a otras etapas posteriores del desarrollo físico y emocional.

Nuestra especie tiene la particularidad de contar con una primera etapa de la vida en la que tenemos un nivel de dependencia muy alto y extendido con relación a otras especies. A modo de ejemplo para poder simplemente ponernos de pie y caminar tardamos alrededor de un año y a veces más, cuando en cualquier otro género del reino animal este proceso es casi instantáneo por el simple hecho de la supervivencia ante el entorno.

Según el sociólogo alemán Norbert Elias el ser humano nace como el animal más indefenso del planeta. a partir de esto el autor enlaza el concepto de interdependencia que lo entiende como un vínculo reciproco y fundamental que une a los seres humanos. Ante esta situación las acciones de unos afectan a los otros y viceversa. Como en cualquier ámbito de la vida el concepto de poder está directamente relacionado con los vínculos interpersonales. Para Elias el poder no es una posesión ni un atributo estático que alguien tiene, sino una propiedad estructural de las relaciones de interdependencia entre las personas. Quien domina indefectiblemente depende de aquellos que están subordinados bajo su mando para que esa realidad se pueda perpetuar en el tiempo.

El origen etimológico de la palabra familia proviene del latín y es un derivado de la palabra famulus, inicialmente esta acepción se utilizaba en la antigua Roma para definir a un sirviente o esclavo que vivía bajo el mismo techo que su amo. Con el paso de los años la idea de sentido de propiedad sobre otras personas fe desapareciendo al igual que la servidumbre no remunerada, que encontró los mecanismos de intercambio para poder seguir existiendo. Con esto, el termino fue variando su sentido, utilizándose para nombrar a aquellas personas unidas por vínculos de parentesco o de convivencia dentro de un mismo lugar.

Si bien el parentesco es lo que nos une como un vínculo inicial a nuestra familia, el relacionamiento intrafamiliar va a ser el que termine definiendo que tipo de relación será la que tengamos con ellos a largo plazo. Para Émile Durkheim, las relaciones familiares no son fijas ni eternas, sino que se transforman profundamente tanto a nivel histórico como a lo largo de la vida de una persona. Desde el planteamiento de Durkheim la familia es un hecho social que atraviesa con el paso de las diferentes épocas por un proceso de contracción progresiva, con esto se refiere a que, a lo largo de la historia de la humanidad, la familia se ha ido achicando en tamaño y funciones. 

Haciendo un rápido salto histórico en el tiempo podemos apreciar que hoy en día las familias tienen una composición bastante diferente a los modelos preestablecidos que existían inclusive en la época que Durkheim escribió esas palabras, donde ya denotaba ciertas transformaciones hacia otro estadio del relacionamiento más íntimo de las personas. Esa “movilidad” que el plantea tiene que ver con el factor humano que puede generar una variabilidad e inestabilidad constante en cuanto a cómo se ve al otro y como uno se relaciona con este.

Los avances y la tecnologización también fueron factores claves en el que las realidades parentales sufrieran cambios. La llegada de la revolución industrial marco un claro cambio de paradigma en este punto. La familia dejo de ser un espacio de producción comunitaria o rural, para empezar a generar una división entre lo estrictamente laboral y el entorno y los vínculos personales, esto alejo físicamente a personas que compartían mayoritariamente su día a día. Ante esta situación el hombre paso a ser quien se encargó de ir a trabajar a las fábricas dejando al resto de la familia a la espera de su regreso, con jornadas que no tenían ningún tipo de regulación en cuanto a horarios, salarios ni condiciones básicas de trabajo. El abandono del campo y el traslado a la ciudad también marco un hito en la existencia de las familias que hasta ese momento no conocían otra forma de vivir que la que habían tenido a través de la agricultura y el trabajo rural, teniendo que sumarse en muchos casos a extensas jornadas laborales mujeres y niños para poder solventar los gastos del hogar.

Si bien el despoblamiento del campo y el hacinamiento en la ciudad y sus periferias se podría entender como un fenómeno separado al de los cambios dentro de las familias, está directamente relacionado, ya que la vida cobro otro dinamismo y otra forma de plantearse para todos los integrantes. Tanto en época de revoluciones, como de guerras o situaciones extremas las dinámicas de convivencia familiar han sido las que han marcado el cómo seguir adelante. Entendemos como dinámicas de convivencia a todas aquellas formas en que nos comunicamos, resolvemos problemas y expresamos afecto dentro del núcleo, teniendo también que en muchos casos poder sobrellevar ciertas crisis que van resquebrajando y fortaleciendo los vínculos.

La llegada del siglo XXI empezó a sacar a la luz ciertos temas que durante toda la historia quedaron sepultados o fueron vistos como tabú en lo referente a cómo entender a los vínculos familiares y cuáles son los posibles problemas que pueden surgir entre los integrantes de un conglomerado de este tipo. El respeto exacerbado a la figura paterna ha ido quedando cada vez más relegado al punto de que en la actualidad alguien difícilmente le tenga miedo a su padre como sucedía en los siglos XIX o XX. Las autoridades rígidas y la forma de expresar las órdenes y buscar la obediencia de forma vertical se han ido cambiando levemente a una horizontalidad que busca tener más en cuenta las necesidades de los hijos.

Por más que siempre ha querido ser relegada a un segundo plano el papel de la mujer dentro de la familia siempre ha sido uno de los más importantes. Su evolución dentro de la sociedad ha marcado los diferentes cambios de paradigmas y roles internos que han formado parte de una reestructura constante de cómo deben ser vistos los nuevos modelos de familia, con mujeres que muchas veces son jefas de hogar o que simplemente juegan un rol tan importante o más que el del hombre, inclusive que el de los hijos varones que siglos atrás eran quienes empezaban a formarse como lideres atrás de la figura paterna, en la búsqueda de poder heredar el poder absoluto dentro del clan familiar.

De cualquier forma, el avance no ha sido total, ya que los datos que surgen, del Instituto Nacional de Estadística, en el caso de Uruguay, por ejemplo, marcan que el 70% de los hogares que se encuentran bajo la línea de pobreza cuentan con jefatura femenina, esto habla a las claras de la diferencia de posibilidades que existe en el mercado laboral entre ambos sexos. Este fenómeno se ha empezado a tratar con el nombre de feminización de la pobreza, si tenemos en cuenta que 7 de cada 10 hogares pobres en Uruguay tienen al frente a una mujer.

Si bien las dinámicas familiares seguirán marcando cambios constantes con respecto a lo que conocemos como preestablecido, el fin esencial siempre va a ser el mismo ya que el humano necesita del afecto y del cobijo de un entorno por mínimo que este sea, para poder subsistir y desarrollarse. Los cambios de generación y de ideas siempre traerán aparejados consigo una nueva forma de ver la realidad por mas cuestionada que esta sea.

 

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