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lunes, 7 de septiembre de 2026

CUANTO MAS TE MUESTRO MAS ME CONTROLAS

 

Conforme pasan los años, empezamos a entender cada vez más el fenómeno de las redes sociales y todas las realidades subyacentes que se empiezan a desprender de este submundo que ha aprendido a convivir con todo aquello que nos resulta más tangible y terrenal, entre otras cosas aprendimos sobre la utilización del flujo de información que proviene de las publicaciones realizadas por los usuarios de las distintas plataformas y cuáles son las tácticas que utilizan quienes manejan todo esto para poder acercarse a ellos a través de la publicidad y con esto generar un nuevo mercado que estaba totalmente virgen hasta que todo esto comenzó.

La publicidad hecha a medida del consumidor ha marcado un antes y un después en la forma en que una empresa se puede acercar a sus clientes ya que saben exactamente que ofrecerle, a quien y porque está detrás de ese producto. Aquello que había comenzado como algo tan simple y sin costo alguno para los usuarios que llegaban a una red social, logro transformarse, desde la ignorancia total de quien ponía su información personal en la base de datos más grande que la historia pudo conocer, llegando a registrar todo tipo de detalles que pueden potenciar cada vez más las ventas de cualquier empresa.

Como toda nueva tecnología, las redes sociales fueron pasando por diferentes etapas, esa fase inicial en la que no se sabía bien de que se trataba, luego el estar de moda, haciendo con esto pasar por la plataforma la vida entera de personas que entendieron que todo tenía que estar publicado allí como una especie de diario de vida y por último la saturación o el distanciamiento que también puede traducirse en el entendimiento de que no son tan necesarias como creíamos. El siglo XXI ha marcado la normalización de que cada individuo posea un perfil en una red social, dependiendo claro está, de su forma de ser y sus intereses. Ante tal demanda han sido creadas tantas plataformas como personas puedan existir para ingresar en ellas.

Lo que cada día nos queda más claro es que a mayor cantidad de información brindada, más opción de oferta podemos observar y sobre todo más atinada con nuestros intereses, esto puede resultar positivo o negativo, todo según desde la óptica desde la cual se mire, si nos gusta consumir y que los productos lleguen a nosotros sin más, es una genialidad. Ahora por el contrario si nos resulta molesto el bombardeo constante de publicidad y lo sentimos de forma invasiva, claramente es algo muy negativo.

En el sitio web introiberica.com se habla de la hiperpersonalización que impulsa al marketing en la era de la experiencia con la utilización de la inteligencia artificial en la detección de nuestras reacciones a la hora de navegar en tiempo real en las redes sociales, pudiendo encontrar con esto que es lo que más consumimos como público, que es lo que no nos gusta, cuáles son nuestras búsquedas y por ende cual es nuestro “ecosistema” más cómodo para habitar. Teniendo esta información pueden tener la capacidad de crearnos un “universo” a nuestra medida para que pasemos allí la mayor cantidad de horas posibles en un ambiente confortable que nos va a generar la necesidad de volver apenas podamos.

De esta nueva forma de hacer Marketing, publicidad y de utilizar nuestros datos se desprenden ciertos factores que pueden resultar positivos o negativos. Como bondades o realidades positivas podríamos encontrar que el cliente se ve inmerso en una mejor experiencia a la hora de consumir ya que con la información brindada, las ofertas son hechas a medida y puede obtener una conexión de mayor profundidad con la marca ofertante. Por otro lado, existe una sensación casi inherente a esta realidad que es la de sentirse conocido y querido por quien nos oferta porque saben realmente lo que necesitamos, esto sin dudas genera una fidelización muy clara entre vendedor y comprador que hará potenciar furas transacciones de compraventa.

Si quisiéramos hablar de lo negativo y hasta peligroso en muchos casos, podemos mencionar el manejo de datos y el conocimiento casi que exhaustivo de nuestra intimidad ya que la fina línea entre ser útil o servicial y ser un acosador se puede traspasar muy fácil. Es muy difícil poder entender también que al mostrarnos solo lo que nos gusta o lo que nos hace sentir bien, nos están privando de la existencia de otra serie de cosas que si bien no las expresamos dentro de nuestros intereses más habituales en nuestro perfil no quiere decir que no nos gusten o nos interesen. El llamado efecto burbuja nos aleja de todo aquello que en algún momento no posteamos o elegimos no darle un like, si bien el algoritmo lo entiende como una especie de “protección” también es una segregación que trastoca los vínculos sociales.

Probablemente de un tiempo a esta parte los algoritmos estén jugando un rol cada vez más importante en nuestra vida, pero difícilmente puedan entender de vínculos humanos y sociedades. Siempre fue importante para la humanidad el rol que jugamos y donde nos posicionamos socialmente. Las tecnologías lo único que han hecho es cambiar el escenario donde se juega ese partido. Antes era a través del Inter relacionamiento personal con nuestro entorno, hoy es en las redes sociales, algo así como muéstrame tu perfil de Instagram y te diré quién eres…


miércoles, 10 de junio de 2026

LA NORMALIZACIÓN DE LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO

 

Todos en algún momento tuvimos una actitud displicente hacia ciertas actividades que no fueran expresamente de nuestro agrado, siendo señalados por esto como personas que no estaban un 100% comprometidas con la causa fuese cual fuese en ese caso. Obviamente en otras épocas, tener este tipo de comportamientos era algo que se tildaba como negativo y llegaba a estigmatizar a esa persona ante el resto, a pesar de que muchas veces quien criticaba tenía la misma forma de moverse en la vida, pero sabiendo siempre que los errores son más fáciles de marcar en el otro.

La actualidad nos recuerda día a día que todo lo que hacemos está marcado por esa tirantez que produce el hecho de no dar de más si no existe nada a cambio, la opción de dar nuestra mejor versión ha quedado totalmente regalada en manos de una nueva forma de vivir que dicta que no hay que dar ni más ni menos que lo necesario, como si estuviéramos guardándonos algo que nadie sabe para qué es ni para cuando, pero que no lo queremos dar a cambio de nada.

La mediocridad paso a ser la bandera insignia de las nuevas generaciones que no encuentran sentido en el esfuerzo y en el compromiso. Con el paso de los años ha quedado tan baja la vara que cualquiera que se esfuerce un poco más que el resto ya logra resaltar en un medio donde intentar ser mejor muchas veces termina siendo hasta mal visto por el entorno que intenta mantener una media que siempre termina estando muy por debajo de las expectativas de cualquiera que forme parte de generaciones anteriores a las que se criaron bajo el cobijo de la tecnología y automatización excesiva de cualquier acción cotidiana. Esto simplemente ha generado una necesidad de dependencia a actores externos que hacen que la vida sea mucho más sencilla y nos ha sacado de un montón de situaciones de sacrificio.

Para que exista un cambio real en la actitud de una persona sin dudas debe estar impulsada por agentes externos a esta, que la motiven a entender que la realidad es de otra forma. Quizás ese sea el punto de inflexión del tema central de este artículo. ¿Qué estamos haciendo las generaciones anteriores para apoyar y empujar a las nuevas a mostrar su mejor versión? Es una pregunta que nos deberíamos de hacer todos los días, ¿cuánto hay en nuestros propios discursos de conformismo y bronca contra la misma realidad a la que se tienen que enfrentar ellos y nos golpea de la misma forma?

Es bueno poder llegar a la conclusión de que no todas las formas en que antes se enfrentaban a los distintos avatares de la vida eran las correctas o al menos son aplicables hoy en día, esto puede llevar a generar cambios en las realidades de como se encaran las nuevas enseñanzas o al menos empezar a aprender que es lo que realmente queremos nosotros para lograr una mejor sociedad. El problema comienza cuando por no exigir terminamos dejando librado al azar el futuro de toda una generación que empieza a normalizar cuestionarse constantemente los motivos de porque tiene que hacer tal o cual tarea, a partir de este cuestionamiento se empiezan a dar cuenta que muy pocas cosas tienen una real relevancia en el día a día ya que somos nosotros mismos quienes le damos sentido a nuestra existencia y no el entorno. Esto nos lleva a entender que, si la realidad que nos toca vivir no es de nuestro agrado, somos los únicos capacitados para poder cambiarla y que empiece a ser algo mas agradable para el futuro que nos toca vivir.


lunes, 11 de mayo de 2026

EL EFECTO CLAUSTROFOBICO DE LAS REDES SOCIALES

 

Si por un momento pensáramos en uno de los ideales de un mundo perfecto, podría ser el de que por ningún motivo nos llevaran la contra en absolutamente nada, es más para poder mejorar esto, podríamos agregarle que ese entorno nos arengue a seguir adelante sin someternos a las duras críticas que nos pudiesen hacer dudar y que con esto aumente nuestra autoestima y comodidad con el resto ya que serían absolutamente complacientes con nuestra causa. Parece algo totalmente ilógico, pero es lo que sucede dentro de las pequeñas burbujas que se forman en las diferentes redes sociales.

Buscamos todo el tiempo y casi que sin darnos cuenta la aceptación del entorno y el acercamiento a todo aquello que se nos asemeje para poder sentirnos integrados y a gusto. Como sociedad cada día perdemos más la capacidad de poder aceptar todo aquello no concuerda expresamente con lo que pensamos o creemos y eso genera que las discrepancias por cosas pequeñas se transformen en grandes problemas difíciles de resolver, entonces por comodidad elegimos encerrarnos en un entorno invisible que nos resulta de lo más cómodo para poder atravesar nuestro día a día.

Las nuevas generaciones apoyadas por el avance de las tecnología han comenzado a darse cuenta de que la interacción real entre humanos es cada vez más innecesaria para sus vidas, derrocando con esto la importancia que tenía tiempo atrás la mirada que el mundo o el entorno ponía sobre uno mismo cargándonos con esto de un gran peso y sobre todo del nacimiento del famoso “qué dirán” que con el paso de los años ha demostrado que cada vez importa menos, librando de una gran carga a aquellos que deciden hacer lo que quieren con sus vidas. De cualquier forma, esto tiene la contra que muchas veces lo que el mundo ve de nosotros no es lo que realmente somos sino una simple imagen creada a medida para cada circunstancia, que nos termina sirviendo como defensa ante el eterno drama de la socialización.

La constante fragmentación que vive la sociedad día a día termina siendo el eje principal que nos motiva a encerrarnos en pequeños núcleos donde encontramos seguridad y refugio cerca de los que son como nosotros. En el momento que los comentarios sobre cualquier posteo en una red social se convirtieron en destructivos fue ahí cuando empezó una guerra sin cuartel de la que hoy todos de alguna forma u otra, formamos parte, a veces casi sin quererlo, pero con el simple hecho de estar ahí y leerlos, ya los estamos alimentando para que sigan en ese mismo tenor porque es casi que una obviedad que las discrepancias y riñas son mucho más llamativas que el ponernos de acuerdo y empatizar con las ideas del otro.

En lo que jamás pensamos ya que todo esto es relativamente nuevo para la humanidad es que el encierro social al que nos sometemos dificulta cada vez más el hecho de poder llegar a consensos reales sobre temas que son de importancia para todos, ante esta realidad vivimos en un constante estado de conflicto que nos genera la imposibilidad de poder aceptar cualquier otro tipo de realidad que no sea la propia llegando al punto de confundir muchas veces cual es el mundo que marca nuestro día a día, si el que nos rodea o el que pasa a través de las pantallas que nosotros elegimos.