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viernes, 23 de octubre de 2026

EL BURNOUT LA NUEVA PANDEMIA SILENCIOSA

 

El avance de las tecnologías y las comunicaciones nos han permitido mejorar como profesionales o empleados, al punto de que muchas veces ni siquiera es necesario tener que asistir físicamente a la empresa u organización a la cual pertenecemos, para poder desarrollar nuestras tareas con normalidad. La mezcla de trabajo con nuestra rutina cotidiana ha generado que ambas se entrelacen al punto de que muchas veces estamos realizando actividades de tipo personal, pero interrelacionándolas con nuestras obligaciones laborales. Esta nueva forma de vivir sin horarios y sin un segmentación real del tiempo que le dedicamos a cada actividad, nos ha empezado a generar una especie de crisis de tipo anímica en donde el desgaste y la falta de empatía empiezan a ser la moneda corriente de cada día.

 De cualquier forma, el hecho de padecer agotamiento emocional ante los problemas laborales que nos aquejan y sobrepasan no es nada nuevo. El término "burnout" apareció por primera vez en 1974 y fue utilizado por el psicoanalista germano-estadounidense Herbert Freudenberger que al trabajar como voluntario en una clínica para personas con adicciones  empezó a notar que al cabo de un año sus compañeros comenzaron a demostrar un aumento progresivo de la perdida de energía, así como también, agotamiento emocional y una actitud más fría y desinteresada con respecto a los pacientes que eran el motor del interés inicial por el cual participaban de esta tarea.

Al principio Herbert Freudenberger lo definió como "un estado de fatiga o frustración que se produce por la dedicación a una causa, forma de vida o relación que no produce el esperado refuerzo". Siendo esta simplemente la punta del iceberg de todo lo que llegaría más adelante alrededor de este concepto que en su traducción más simple del inglés al castellano es “agotamiento” pero detrás de esto se encierran muchas otras realidades por las que las personas atraviesan en su día a día.

El avance de la tecnología y la búsqueda por el productivismo ha sido la bandera insignia de esta nueva era, acompañado por el compromiso laboral exacerbado, con nuevas estrategias que nos han hecho sentir que quienes conformamos un equipo de trabajo somos únicos e indispensables, además de formar parte de una familia que espera lo mejor de nosotros. Esta nueva forma de “vivir el trabajo” tuvo su punto más alto con la llegada del COVID 19 y un estado de pandemia mundial en el que en muchos casos la vida pudo continuar como si nada pasara en cuanto a las relaciones y compromisos de siempre ya que la conectividad fue el la herramienta que nos permitió seguir estando presentes, aunque todo se nos derrumbara en nuestro entorno.

Al notar esto muchas empresas entendieron que podrían ahorrar grandes costos internos de albergar a su personal por tantas horas y tantos días al mes, buscando la posibilidad de invitarlos a que también lo hicieran desde sus casas, generando con esto mayor disponibilidad horaria para compartir con sus familias y la sensación de no estar atados a un lugar físico donde estuvieran cumpliendo a rajatabla con una reglamentación prestablecida. Esta nueva modalidad dio libertad en algunos aspectos, pero por otro lado genero una mayor atadura de los obreros hacia sus labores ya que cuando uno no tiene por qué cumplir un horario puede dedicarse al trabajo en todo momento y este se termina mezclando con su vida personal indefectiblemente, por más que no se quiera. Esta realidad cada día que pasa va en aumento y normalizo el burnout al punto de que ya es algo con lo que solemos convivir en nuestra vida cotidiana.

Actualmente nos creemos dueños de nuestras vidas y de nuestro tiempo al adoptar esta modalidad de trabajo, pero en ningún momento nos hemos detenido a pensar que no hay mejor poder que aquel que se ejerce sin que nos demos cuenta.

El burnout a nivel de terminología e instalación en nuestra vida, es totalmente comparable con el termino estrés y su existencia en el pasado, padecimiento por el cual probablemente nuestros abuelos o generaciones anteriores pudieron haberlo sufrido, pero jamás lo llamaron de esa forma, pudiendo ser confundido con un simple cansancio o desgaste por el cumulo de actividades.

El siglo XXI es el siglo de las denominaciones, hoy en día todo debe tener un nombre y una causa, quizás eso sea bastante complejo de poder sobrellevar y nos ha vuelto una sociedad más “débil” si se quiere, ya que entendemos que constantemente atravesamos por determinados padecimientos que antes quizás ni siquiera estaban en la agenda de nadie. Esto por otro lado tiene la contracara positiva que nos da la posibilidad de poder entender un poco más que es lo que nos pasa, quizás a futuro, normalizar estas actitudes, nos transforme en una sociedad al menos un poco mejor.


lunes, 5 de octubre de 2026

EL ROL SOCIAL DE LA FAMILIA Y SUS PRINCIPALES MUTACIONES A LO LARGO DE LA HISTORIA

Cada día es mas complejo poder entender los lazos intrafamiliares. El famoso “modelo” de familia desde hace tiempo se rompió y lo que era regla, paso a ser la excepción, ante esa realidad, la sociedad busca seguir funcionando, pero adaptándose a una nueva serie de valores que no son del todo bien recibidos por muchos, pero que son los que con el paso de los años cada vez se “normalizan” más…


El mayor mecanismo que tiene cualquier especie para poder sobrevivir es el de la vida en manada. Esto asegura la defensa y la protección de los más vulnerables ante cualquier ataque, así como también la procreación y el desarrollo. Esta realidad llevada a menor escala se transforma en un concepto que los humanos conocemos como familia, que si bien tiene múltiples definiciones no deja de ser un espacio físico y afectivo en donde el comienzo de la vida encuentra el cobijo necesario para que cada ser pueda lograr la subsistencia y con esto poder avanzar a otras etapas posteriores del desarrollo físico y emocional.

Nuestra especie tiene la particularidad de contar con una primera etapa de la vida en la que tenemos un nivel de dependencia muy alto y extendido con relación a otras especies. A modo de ejemplo para poder simplemente ponernos de pie y caminar tardamos alrededor de un año y a veces más, cuando en cualquier otro género del reino animal este proceso es casi instantáneo por el simple hecho de la supervivencia ante el entorno.

Según el sociólogo alemán Norbert Elias el ser humano nace como el animal más indefenso del planeta. a partir de esto el autor enlaza el concepto de interdependencia que lo entiende como un vínculo reciproco y fundamental que une a los seres humanos. Ante esta situación las acciones de unos afectan a los otros y viceversa. Como en cualquier ámbito de la vida el concepto de poder está directamente relacionado con los vínculos interpersonales. Para Elias el poder no es una posesión ni un atributo estático que alguien tiene, sino una propiedad estructural de las relaciones de interdependencia entre las personas. Quien domina indefectiblemente depende de aquellos que están subordinados bajo su mando para que esa realidad se pueda perpetuar en el tiempo.

El origen etimológico de la palabra familia proviene del latín y es un derivado de la palabra famulus, inicialmente esta acepción se utilizaba en la antigua Roma para definir a un sirviente o esclavo que vivía bajo el mismo techo que su amo. Con el paso de los años la idea de sentido de propiedad sobre otras personas fe desapareciendo al igual que la servidumbre no remunerada, que encontró los mecanismos de intercambio para poder seguir existiendo. Con esto, el termino fue variando su sentido, utilizándose para nombrar a aquellas personas unidas por vínculos de parentesco o de convivencia dentro de un mismo lugar.

Si bien el parentesco es lo que nos une como un vínculo inicial a nuestra familia, el relacionamiento intrafamiliar va a ser el que termine definiendo que tipo de relación será la que tengamos con ellos a largo plazo. Para Émile Durkheim, las relaciones familiares no son fijas ni eternas, sino que se transforman profundamente tanto a nivel histórico como a lo largo de la vida de una persona. Desde el planteamiento de Durkheim la familia es un hecho social que atraviesa con el paso de las diferentes épocas por un proceso de contracción progresiva, con esto se refiere a que, a lo largo de la historia de la humanidad, la familia se ha ido achicando en tamaño y funciones. 

Haciendo un rápido salto histórico en el tiempo podemos apreciar que hoy en día las familias tienen una composición bastante diferente a los modelos preestablecidos que existían inclusive en la época que Durkheim escribió esas palabras, donde ya denotaba ciertas transformaciones hacia otro estadio del relacionamiento más íntimo de las personas. Esa “movilidad” que el plantea tiene que ver con el factor humano que puede generar una variabilidad e inestabilidad constante en cuanto a cómo se ve al otro y como uno se relaciona con este.

Los avances y la tecnologización también fueron factores claves en el que las realidades parentales sufrieran cambios. La llegada de la revolución industrial marco un claro cambio de paradigma en este punto. La familia dejo de ser un espacio de producción comunitaria o rural, para empezar a generar una división entre lo estrictamente laboral y el entorno y los vínculos personales, esto alejo físicamente a personas que compartían mayoritariamente su día a día. Ante esta situación el hombre paso a ser quien se encargó de ir a trabajar a las fábricas dejando al resto de la familia a la espera de su regreso, con jornadas que no tenían ningún tipo de regulación en cuanto a horarios, salarios ni condiciones básicas de trabajo. El abandono del campo y el traslado a la ciudad también marco un hito en la existencia de las familias que hasta ese momento no conocían otra forma de vivir que la que habían tenido a través de la agricultura y el trabajo rural, teniendo que sumarse en muchos casos a extensas jornadas laborales mujeres y niños para poder solventar los gastos del hogar.

Si bien el despoblamiento del campo y el hacinamiento en la ciudad y sus periferias se podría entender como un fenómeno separado al de los cambios dentro de las familias, está directamente relacionado, ya que la vida cobro otro dinamismo y otra forma de plantearse para todos los integrantes. Tanto en época de revoluciones, como de guerras o situaciones extremas las dinámicas de convivencia familiar han sido las que han marcado el cómo seguir adelante. Entendemos como dinámicas de convivencia a todas aquellas formas en que nos comunicamos, resolvemos problemas y expresamos afecto dentro del núcleo, teniendo también que en muchos casos poder sobrellevar ciertas crisis que van resquebrajando y fortaleciendo los vínculos.

La llegada del siglo XXI empezó a sacar a la luz ciertos temas que durante toda la historia quedaron sepultados o fueron vistos como tabú en lo referente a cómo entender a los vínculos familiares y cuáles son los posibles problemas que pueden surgir entre los integrantes de un conglomerado de este tipo. El respeto exacerbado a la figura paterna ha ido quedando cada vez más relegado al punto de que en la actualidad alguien difícilmente le tenga miedo a su padre como sucedía en los siglos XIX o XX. Las autoridades rígidas y la forma de expresar las órdenes y buscar la obediencia de forma vertical se han ido cambiando levemente a una horizontalidad que busca tener más en cuenta las necesidades de los hijos.

Por más que siempre ha querido ser relegada a un segundo plano el papel de la mujer dentro de la familia siempre ha sido uno de los más importantes. Su evolución dentro de la sociedad ha marcado los diferentes cambios de paradigmas y roles internos que han formado parte de una reestructura constante de cómo deben ser vistos los nuevos modelos de familia, con mujeres que muchas veces son jefas de hogar o que simplemente juegan un rol tan importante o más que el del hombre, inclusive que el de los hijos varones que siglos atrás eran quienes empezaban a formarse como lideres atrás de la figura paterna, en la búsqueda de poder heredar el poder absoluto dentro del clan familiar.

De cualquier forma, el avance no ha sido total, ya que los datos que surgen, del Instituto Nacional de Estadística, en el caso de Uruguay, por ejemplo, marcan que el 70% de los hogares que se encuentran bajo la línea de pobreza cuentan con jefatura femenina, esto habla a las claras de la diferencia de posibilidades que existe en el mercado laboral entre ambos sexos. Este fenómeno se ha empezado a tratar con el nombre de feminización de la pobreza, si tenemos en cuenta que 7 de cada 10 hogares pobres en Uruguay tienen al frente a una mujer.

Si bien las dinámicas familiares seguirán marcando cambios constantes con respecto a lo que conocemos como preestablecido, el fin esencial siempre va a ser el mismo ya que el humano necesita del afecto y del cobijo de un entorno por mínimo que este sea, para poder subsistir y desarrollarse. Los cambios de generación y de ideas siempre traerán aparejados consigo una nueva forma de ver la realidad por mas cuestionada que esta sea.

 

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