Velocidad y veracidad son dos palabras que suenan bastante parecido pero que no necesariamente coexisten todo el tiempo. La actualidad nos llega con un bombardeo constante de noticias y de situaciones que se nos plantean como reales buscando formar parte de nuestra vida o al menos lograr generar algo en nosotros que vaya más allá de una simple lectura o la reproducción de un video. La pregunta es ¿Cuánto de todo lo que consumimos lo colocamos en el plano de la duda, cuestionándonos si realmente sucedió y cuanto lo damos por hecho sin muchas veces llegar a titubear un segundo?
La alegoría de las cavernas de Sócrates intentaba demostrar algo similar, como un conjunto de personas podían permanecer adormecidas ante diferentes estímulos planificados por otros, pero que funcionaban a la perfección para que la mayoría no pusiera en duda un segundo aquello que era asumido como real, de esta manera esas situaciones resultaban comunes de tanto tenerlas enfrente.
El bombardeo constante de información y contenido no hace más que generar eso, no sabemos que es real o no, pero tampoco tenemos mucho tiempo para poder detenernos a razonarlo ya que la maquina no para avanzar hacia nosotros con más situaciones o noticias que nos mantienen en constante estado de alerta.
Siempre se ha dicho que existen algunas personas que le sirven que otras no piensen o al menos no tengan el hábito de cuestionarse la realidad. Quizás haya algo de cierto en eso, pero también es verdad que cualquier persona por si sola puede intentar entender mejor cuál es su situación en el mundo, el problema es que este ejercicio requiere un esfuerzo extra al que se tiene habitualmente y sobre todo poder destruir o derrumbar ordenamientos internos que están perfectamente estructurados gracias a la vorágine por la cual debemos atravesar día a día.
El propio humano se fue encerrando en un mecanismo del cual le es muy difícil poder escapar. Poder pensar, discernir, informarse, estudiar, sacar conclusiones lleva tiempo y tiempo es lo que nos falta, la inversión de los roles de lo que realmente es importante en la vida nos llevó a volvernos rehenes del cumplimiento de ciertos mandatos que nos hacen ser lo que somos ante los ojos de los demás.
La gran duda es el poder saber hasta qué punto nos importa realmente lo que es verdad y lo que no, lamentablemente parece ser que cada vez nos importa menos, partiendo de esta premisa entramos en una lógica bastante macabra del vale todo, que se puede volver hasta peligrosa si se piensa fríamente. La normalización de seres con falta de pensamiento crítico es una de las peores pandemias que están sufriendo las sociedades en la actualidad, pero es tan invisible como silenciosa, hecho que favoreces su avance de manera sostenida en el tiempo.
Las formas de comunicar tienen cada vez mayor incidencia en la sociedad, por estas épocas podemos darnos cuenta de que es más importante la forma que el contenido, esto se podría interpretar de la siguiente manera, “me interesa más como lo digas que lo que realmente estes diciendo” la necesidad de la velocidad favorece al impacto y no a lo que trae consigo, de esta manera se le da más atención a la cantidad y no a la calidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario