Existe una tendencia casi que inconsciente del ser humano a manejarse en la vida mediante la imitación de otras acciones que vio o que vivió previamente. Más de una vez hemos escuchado esa comparación bastante odiosa con referencia a los hijos y los padres, buscando ese parecido en lo físico, los gestos, la forma de hablar o la de moverse en la vida. El problema surge cuando existen ciertas situaciones que no son del todo positivas y que han marcado a la persona en cuestión por alguna experiencia. Muchas veces y con el paso de los años terminamos dándonos cuenta de que repetimos la historia en varias de esas acciones y desde nuestro inconsciente, por más que fue algo que en algún momento intentamos que no fuera así.
La utilización de la palabra y el lenguaje es una de las herramientas más poderosas que podemos llegar a tener los humanos y que nos logra diferenciar de cualquier especie. Una palabra bien aplicada, puede lograr evitar una mala acción que nos termine condicionando el resto de nuestras vidas. Ahí está la importancia de poder expresar lo que uno realmente siente, ya que en muchas situaciones se vuelve relevante y puede lograr destrabar cualquier tipo de conflicto, el problema surge cuando no tenemos las herramientas necesarias para poder hacerlo a través de la palabra. En un mundo donde cada día se busca más el poder de síntesis, se va perdiendo de a poco la capacidad de muchos de hacerse entender ante el resto.
Todos de alguna forma cargamos sobre nuestras espaldas con el legado de nuestros antecesores que para bien o para mal es la materia prima con que debemos escribir nuestra verdadera historia, sabiendo que existen ciertos sucesos que de alguna forma nos complejizan la tarea de ser como realmente queremos y que a pesar de que no sean las realidades que más nos enorgullezcan formaron parte de nuestra vida y de la historia del entorno más cercano.
Nadie dijo que sanar sea algo fácil, tampoco lograr ser consciente de aquello que está mal y a la vez normalizado en nuestra cotidianeidad es algo simple de detectar, para poder a raíz de esto lograr cambiar el rumbo que puede parecer prestablecido. Increíblemente y para nuestra desgracia es más fácil poder heredar comportamientos negativos o realidades adversas que lo contrario. Son pocas aquellas personas que arrancan su vida con un futuro resuelto y no con la dificultad de tener que enfrentar el día a día con historias particulares en su familia que pueden llegar a tener algún tipo de afectación en el presente.
Para poder resolver algo hay que lograr entenderlo y quizás ese sea el camino más difícil que se nos presenta en nuestras vidas comprender los porque que nos rodean e intentar mirar más allá pudiendo entender que muchas veces elegimos cargarnos ciertas mochilas que en definitiva no tenemos ni porque subirlas al hombro.

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