Todos o casi todos nos sabemos en algún punto incondicionales a alguien, ya sea un hijo, un hermano, una madre, un amigo o esa persona que para nosotros por algo es especial. Lo que es complejo de poder interpretar es como a través de una acción que busque cuidar a esa individuo por definición sin condición alguna, al protegerlo de algo que nosotros entendamos que es dañino, terminamos por condicionar su forma de vivir por nuestro accionar, es decir cuando intervenimos y buscamos que algo que no nos parece que este bien, no suceda, de alguna manera estamos marcando cual debería de ser el destino del otro individuo, es una cuestión bastante compleja del hombre esa de creer que tiene la potestad de poder cambiar las realidades de otros independientemente de quienes sean.
Muchas veces las demostraciones de amor pasan por la búsqueda de la protección de ser amado y en ese afán se coartan las posibilidades de permitirle al otro poder ser, equivocarse y volverse a recomponer, cuesta entenderlo y hasta aceptarlo, pero todo lo que sea de alguna forma incondicional, termina condicionando al que se le busca brindar ese estado, basta con pensar cualquier ejemplo de padres e hijos.
Quizás sea por instinto o por una cuestión propia del humano, pero ese tipo de comportamientos no lo solemos tener con cualquier persona y a lo largo de nuestra vida quizás se puedan contar con una sola mano a aquellos seres que de alguna forma u otra le hemos sido incondicionales, ya sea por su forma de ser, por su parentesco cercano o por el simple hecho de sentir amor y atracción.
La forma en que nos manejamos con las personas es directamente comparable con la manera en que encaramos las diferentes situaciones de nuestra vida y con esto surge muchas veces el auto condicionamiento ante rutinas que nos terminan esclavizando por nuestra forma de ser frente a realidades que nos aquejan de forma constante por ser de alguna forma incondicionales a determinados costumbrismos que nos llevan a ser quien somos realmente.
El circulo vicioso de querer cuidar y condicionar es casi inevitable a menos que optemos por la opción de intentar confiar en las decisiones del otro y aceptar sin ningún tipo de reclamos el posible resultado final a pesar de que sea adverso ante nuestro punto de vista, de esta forma no pondríamos condiciones ni condicionaríamos al otro. La complejidad de poder entendernos como seres dependientes emocionalmente de otros es muy difícil de aceptar y sobre todo de poder sobrellevar con los años.
Generalmente cualquier concepto se puede definir por su opuesto y en este caso aún mas ya que con solo pensar que podemos ser incondicionales, tendríamos que entender que esto trae acarreado consigo una gran cantidad de condicionamientos inherentes al accionar propio de cada persona en los diferentes ámbitos de la vida.
